José A. D' Labra y Carbajal
Se nace para aprender y se. muere para nacer.
Es conocido por todos que lo único que tenemos seguro es que moriremos . En mi concepto los humanos somos como focos que se apagan y se encienden: somos eternos: nuestra energía es eterna, nunca ha nacido ni muere lo que muere es nuestra masa, ella es finita nuestra uari (p'orhépecha: madre) es infinita. Lo finito (que tiene fin) se entiende más fácil, lo infinito es difícil de entender.
Me han hecho el favor de preguntar ¿qué concepto de la muerte tengo? Y trataré de explicarme.
En el universo, aquí y en el infinito está lleno de energía, energía compuesta de electrón, protón y neutrón, esta energía al "madurar" se convierte en masa y la masa o células también madura y. se convierte en órganos que, al madurar forman cuerpos que tienen capacidad de vivir x tiempo. Si nos referimos a nuestro planeta podemos decir que desde hace 4500 millones de años fue masa que se unió, que se formó como una gota de fuego, agua y tierra. Al pasar millones de años de latir (lo que no late o pulsa no puede existir) comenzó a dar su fruto: animales y seres vivos entre ellos seres humanos que, al paso de otros millones de años, al “madurar" son capaces de engendrar seres similares y estos que son una combinación de masa y energía tienen un periodo de vida al final del cual por muchas razones llegan a ser incapaces de seguir viviendo y mueren. Al morir nuestro cuerpo nuestra alma o uari, como es energía invisible se integra a la Gran Célula llamada Infinita Célula de Energía Perfecta (a lo que podemos llamar, a eso sí Dios). Aquí me quiero referir a la muerte, de nuestra masa, del cuerpo que tenemos con el cual podemos propiciarnos placer , alegría, trabajo, hijos, y en ocasiones nos llega la muerte de súbito por un infarto cardiaco, derrame cerebral, accidente vial, etc. y ésta muerte causa estragos en mucha gente que, si supiera cómo, hubieran evitado con mucho gusto la muerte de ese ser querido que, por nuestra ignorancia no pudimos evitar, y tampoco llegar con el al consultorio médico para su atención.
Pues bien, ya hace más de cuarenta años, experimentando con animales encontré, y después allá por Verde Rico, Toro Muerto, por el rumbo de Ilacotepec, en la sierra de Guerrero, invitado por mi amigo Francisco Fierro y Genaro Vázquez Rojas, fui a tratar de aliviar en algo las fechorías (de los sorches y de sus jefes como García Barragán, Julio Morales, etc. que hacían con nuestros campesinos. Fechorías como estas: llegaban a cualquier ranchería de la sierra insultando, apuntando con sus armas y balloneta calada a la gente humilde, a la más abandonada por él Presidente, Senadores y Diputados: los campesinos.
-"¿Donde está Genaro Vázquez hijos de la ch. . . Júntense aquí, las panzonas p'acá..." Al no encontrar respuesta iban ensartando de una a una a las embarazadas que, por el dolor gritaban y caían al suelo temblando, vista perdida cornó perros, desangrándose, gritando, revolcándose y muriendo... Esa fue parte de mi escuela de medicina: curar con solo yerbas, barro, piedras, agua (nuestra bendita madre agua), y, entre las yerbas, entre otras la albahacar que es, ahora lo sé un vaso dilatador que hace que las arterias se dilaten, de abran y circule mejor la sangre.
Si una persona siente que le falta el aire, que no puede respirar y se está ahogando, dele unas tres o cuatro hojitas de albahacar, que las mastique y se las coma. Con eso evita la muerte y tiene dos horas para llegar a donde le auxilien.
Es de lo más hermoso evitar la muerte. Les doy esto con mucho gusto yo que en la vida sólo busco amigos y salud.
Mi tel. 01-55-55-61-50-79, Cel. 044-55-44-72-30-02. Gracias por leerme.
martes, 13 de octubre de 2009
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